
La vitalidad de la semilla Mc 4, 26-34
26 Les dijo: —El reino de Dios es como un hombre que sembró un campo: 27 de noche se acuesta,
Cuando sentimos la moción de que nuestra vida personal debe tener sentido desde Dios, la vida ya no sigue igual. El impulso que seguramente ha venido desde Dios nos abre los ojos del corazón para comenzar a construir nuestro propio camino espiritual desde la voluntad de Dios y en compañía de la Iglesia de Jesucristo. Solos no podemos, necesitamos vivir nuestra espiritualidad con otros, estar siempre en camino. Solos no vamos ni iremos, Dios va haciendo el camino. Por eso mismo la espiritualidad implica saber escuchar desde el corazón. El Papa León ya nos ilumina el camino y nos dice que la espiritualidad es una profunda búsqueda de la voluntad de Dios, arraigada en el discernimiento y el servicio, que implica vivir la fe pascual, la ternura mariana y un perdón radical en el presente, enfocándose en la comunión con Dios por encima de fenómenos místicos excepcionales y llamando a todos a la santidad y al amor por el prójimo en medio de los desafíos del mundo. Se trata de una espiritualidad que no se queda en lo propio, sino que sale al encuentro de los demás, como el Corazón de Cristo, que es «éxtasis, es salida, es donación».
La espiritualidad que brota de la experiencia de Dios nos lleva a una fe que acompaña nuestras vidas . Es una fe siempre en camino, muy práctica y creativa que transforma la realidad siempre en algo muy bueno. Así nace nuestra gran motivación para vivir de manera auténtica, coherente y entregada a Dios y al prójimo, guiados por el Espíritu Santo que nos anima cada día.
Señor, que no deje jamás de buscarte, que busque ardientemente tu rostro.
Dame fuerza para buscarte.
Tú, que me has hecho ya encontrarte y que me has dado la esperanza de encontrarte siempre un poco más,
Señor Dios mío, concédeme que me acuerde siempre de ti, que te conozca y te ame.
Agustín, Obispo de Hipona (334- 430)
El asistencialismo sigue siendo necesario, aunque insuficiente: recha-zarlo como “pseudocaridad cristiana” contraria a la solidaridad es, con terminología de L. Ragaz, rechazar a las enfermeras porque lo que cura son los médicos. Francisco reconoce que “la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar”[1]. Y es evidente aquel proverbio chino: para quitar el hambre mejor enseñar a pescar que dar un pez. Pero mientras dura la enseñanza habrá que dar de comer, para que no se muera el alumno. No sea que acabemos con el hambre… matando a los hambrientos
[1] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, n. 202.
«Los países más ricos del mundo son los que más armas fabrican.Y no para defenderse, sino para venderlas a países pobres, impidiéndoles crecer y facilitando las guerras entre ellos. Esta es una de las mayores vergüenzas de nuestro mundo. Los presupuestos del gobierno actual dejan de ser “de progreso” cuando miramos el capítulo de la llamada “defensa”.
Lo peor que le puede pasar al católico es vivir con los ojos vendados y con sorderas increíbles. Los sociólogos nos dicen que vivimos en una cultura de la seducción. Nos damos cuenta que se han caído las grandes utopías de la modernidad, capitalismo y socialismo y un aire de desencanto ha impregnado todos los espacios de la sociedad posmoderna. Como decían los abuelos “Tantos esfuerzos e ilusiones invertidos parecen perdidos.” . Frente al vacío de la interioridad y la pérdida de la dimensión trascendente de la vida que nos deja un aire de orfandad, se han creado dos grandes intentos huecos de reencantar el mundo: el consumismo y la diversión.
El consumismo es un invento formidable que llega a todos los espacios de la tierra donde pueda haber alguien con un dólar en el bolsillo. El símbolo son los grandes centros comerciales donde no sólo se puede consumir de todo, sino que crean una manera de comer, de vestir, de viajar, de divertirse. Es todo un estilo de vida lo que se compra. En los grandes centros, los productos se ofrecen en abundancia, exhibidos en el juego de los colores, de la luz y del cristal. Se respira el aroma sofisticado que llega invisible a través de los conductos de climatización, con una música de fondo que invita a relajarse y contemplarlo todo desactivando las prisas que nos atan al reloj. Huele a tierra prometida, son espacios que nos proponen redimirnos de nuestras necesidades.

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